Nos inspiran
Personas y proyectos que están consiguiendo que hablemos de cuidados en todos los ámbitos: familiar, sanitario, social, cultural, público... Cuidopía te invita a descubrir la sociedad de los cuidados a través de su mirada.
Personas y proyectos que están consiguiendo que hablemos de cuidados en todos los ámbitos: familiar, sanitario, social, cultural, público... Cuidopía te invita a descubrir la sociedad de los cuidados a través de su mirada.
Entrar en el Centro Integral de Simulación Avanzada de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC) es como entrar en cualquier hospital donde acudimos habitualmente. Hay una sala de espera, consultas, instrumental médico, pacientes y profesionales sanitarios. La diferencia está en que, aquí, los casos son simulaciones y el objetivo es la formación de los estudiantes universitarios de medicina, enfermería, psicología, fisioterapia y odontología. Una experiencia inmersiva de la mano de la tecnología que pretende no solo entrenar al alumnado en los protocolos médicos y los aspectos técnicos, sino también en habilidades emocionales y de comunicación que fomenten la empatía y un trato más humano en los futuros profesionales sanitarios.
Según la Plataforma del Voluntariado de España, en nuestro país hay 2,7 millones de voluntarios. Algunos toman esta decisión cuando llegan a cierta edad y disponen de más tiempo, pero también hay quienes compatibilizan su vida laboral, familiar y personal con un voluntariado. Colaborar en una organización o asociación, poner su conocimiento al servicio de un colectivo, dedicar unos días o meses al año a un proyecto concreto, hacerlo en el barrio donde vives o al otro lado del planeta… Hay muchas formas de ser voluntario, pero si algo tienen en común todas ellas son las ganas de aportar lo mejor que pueden dar.
“Ana, es que no sabemos cómo ayudarte. Estamos asustadísimos porque no sabemos cómo ayudarte”. Ana Ribera volvía una noche del cine con su hermana y empezó a temblar agarrada al volante de su coche. Su hermana y su familia no sabían qué le estaba pasando ni cómo afrontarlo. No era tristeza, no era cansancio, tampoco estrés por el trabajo o una mala racha. Ana estaba viviendo una depresión. Recibir un diagnóstico, poner en palabras lo que estaba viviendo y contarlo sirvió para que las personas de su entorno más cercano pudiesen también empezar a conocer cómo podían cuidarla y apoyarla en su proceso de recuperación.