‘Generación Sándwich’: el desafío de cuidar a dos generaciones
En 1981 la trabajadora social Dorothy Miller acuñó el término ‘Generación Sándwich’ para mostrar de una manera más gráfica la situación de las mujeres de mediana edad que se encontraban al mismo tiempo con la responsabilidad de cuidar de sus hijos y de sus padres. Esta realidad de cuidados simultáneos, lejos de reducirse, ha aumentado significativamente en las últimas décadas. A pesar de los avances sociales en corresponsabilidad, siguen siendo las mujeres quienes asumen en mayor medida las obligaciones y cargas de estos cuidados y sufren las consecuencias en su bienestar físico y emocional.
Qué es la ‘Generación Sándwich’ y qué la define
Pensar en la lista de la compra para la próxima semana. Organizar el horario de las actividades extraescolares de tus hijos. Acompañar a tu padre a su cita médica. Terminar a tiempo los informes que hay que entregar en el trabajo. Salir antes de la oficina para llevar a tu hija a un cumpleaños. Organizar los cuidados en casa antes de salir de viaje por trabajo. Solicitar una ayuda a domicilio para tu suegra. Reservar una tarde para quedar con tus amigas. Acordarte de meter en la mochila de tu hijo la ropa de deporte el martes.
Si este cúmulo de responsabilidades y carga mental te resultan familiares, es muy posible que formes parte de la llamada ‘Generación Sándwich’. Un término surgido en Estados Unidos en los años 80 que entonces hacía referencia a las mujeres entre los 30 y los 40 años que asumían la responsabilidad de los cuidados de padres e hijos de manera simultánea, y que se sumaban a sus propias necesidades personales, sociales y laborales. Con el paso del tiempo y los cambios sociales que ha sufrido nuestra sociedad con un aumento significativo de la longevidad, un retraso en la edad de la maternidad y un aumento de la incorporación de la mujer al ámbito laboral, este fenómeno no ha dejado de crecer. Actualmente, y a pesar de los avances en corresponsabilidad, son principalmente las mujeres entre los 40 y los 60 años quienes se sienten atrapadas, como en un sándwich, entre la crianza de sus hijos y la atención y el cuidado de sus padres mayores o en situación de dependencia.
Según datos del IMSERSO, el número de personas cuidadoras no profesionales en nuestro país registradas en agosto de 2026 era de 107.079 personas, de las cuales el 87% son mujeres. En marzo de 2025 el Ministerio de Derechos Sociales ya estimaba que España necesitará incorporar 260.000 profesionales de cuidados de larga duración de aquí al 2030 para cubrir las necesidades de la población dependiente y con discapacidad. El programa de Becas Cuidopía contribuye a esta necesidad de profesionalización de los cuidados, facilitando a personas en situación de vulnerabilidad la formación para acceder al Certificado de Profesionalidad en Atención Sociosanitaria a Personas Dependientes.
El impacto de una doble carga de cuidados
Una de las características que define la situación de quienes abordan esta doble tarea de cuidados de padres e hijos es que ambos perfiles presentan necesidades muy diferentes. Mientras que el cuidado de la infancia y la adolescencia avanza en un camino hacia la progresiva independencia, en el caso de los padres mayores las situaciones de dependencia se incrementan cada vez más debido a factores relacionados con la edad, la aparición de enfermedades crónicas o situaciones de discapacidad. Esta doble realidad implica desarrollar habilidades de gestión emocional muy diversas.
Además, una sobrecarga en la responsabilidad de los cuidados puede terminar derivando en la aparición del ‘Síndrome del cuidador quemado’, que afecta tanto al bienestar físico como al emocional de la persona cuidadora. Aprender a identificar las señales que anuncian la aparición de esta situación puede ayudar a prevenirlo y a poner en marcha medidas de apoyo que ayuden tanto a la persona cuidadora como a quien recibe sus cuidados. En la unidad ‘Autocuidados’ de la serie audiovisual Escuela de Cuidados se hace referencia a algunos de los signos de alerta más habituales: cansancio continuo, trastornos del sueño, aumento o disminución del apetito, abandono del cuidado personal, sensación de tristeza, cambios bruscos de humor, dificultad para concentrase o un aumento del aislamiento social.

Una de las principales consecuencias que afrontan las personas de la ‘Generación Sándwich’ es la progresiva pérdida de tiempo para dedicarse a sí mismas. Esto repercute tanto en su salud física como en sus relaciones sociales y en su salud mental. En algunos casos también puede influir negativamente el ámbito laboral de la persona cuidadora, que puede verse abocada a la solicitud de una reducción de jornada o una excedencia, dificultando así su desarrollo laboral o repercutiendo en una disminución de sus ingresos habituales.
Autocuidado, corresponsabilidad y programas de respiro familiar

Existen tres herramientas que pueden ayudar a las personas que pertenecen a la ‘Generación Sándwich’ a gestionar mejor sus responsabilidades de cuidados.
La primera es el autocuidado. La persona cuidadora necesita reservar tiempo para sí misma, descansar, mantener sus relaciones sociales o a aquellas actividades que le proporcionan bienestar. Para cuidar de otras personas es necesario no olvidarse de uno mismo y de las necesidades físicas, emocionales y sociales que tiene.
La segunda serían la conciliación y la corresponsabilidad de los cuidados en el entorno familiar. Practicar una comunicación asertiva y un reparto de tareas equitativa en la familia también contribuye al bienestar de las personas cuidadoras. Como señalaba Lucía, mi pediatra en el encuentro digital de Escuela de Cuidados con nuestros expertos en educación emocional, es importante expresar de manera asertiva lo que necesitamos en cada momento para evitar cargar con un peso que a la larga puede generar un coste emocional.
La tercera herramienta es la búsqueda de ayuda y apoyo externo. Puede ser dentro del entorno familiar más cercano, buscando otras personas que se comprometan y asuman tareas de cuidado específica que rebajen la carga que asume la cuidadora principal, pero también existe la posibilidad de recurrir a ayudas como los programas de respiro familiar o los servicios disponibles para las personas con dependencia y discapacidad.
Cuidar a quienes nos cuidaron y a nuestros seres más queridos no debería implicar una renuncia personal para nadie. Construir una Sociedad de los Cuidados empieza por valorar a quien cuida: compartiendo las tareas, contando con un respaldo público y recordando que el autocuidado también es una prioridad.

Consulta las entidades que ofrecen programas de respiro para personas cuidadoras en tu Comunidad Autónoma, además de los trámites que debes realizar para solicitar estas ayudas.